Jugando al Blackjack con Richard Thaler


La gestión de una cartera se puede parecer mucho a una partida de Blackjack, el crupier nos repartirá cartas todas las rondas mientras decidamos meter dinero en cada ronda de apuestas. Esta vez, tenemos a un compañero muy especial en esta mesa, a nuestro lado se encuentra Richard Thaler padre de la Economía Conductual del que podemos aprender mucho sobre el comportamiento inversor y como ajustar nuestra cartera en cada momento de nuestra vida.


Puede que no lo sepamos aún pero como inversores estamos ante un momento clave, depende de nosotros batir al crupier al final de la jornada para llegar a nuestra casa con los bolsillos llenos de dinero. Para lograrlo, deberemos tomar decisiones ronda a ronda e ir moldeando nuestra tolerancia al riesgo según nos acerquemos al final de la jornada, a veces será mejor doblar nuestra apuesta o dividir nuestras cartas todo depende del momento en el que nos encontremos como jugadores, si siempre jugamos igual posiblemente no lleguemos a nuestro objetivo.


No podremos tomar las mismas decisiones al principio que al final de la jornada cuando la meta esta más cerca. Ni dejar de lado el apartado de azar que el juego tienen implícito, nunca sabemos dónde puede estar el próximo "Blackjack" del crupier o en nuestro caso el próximo cisne negro del mercado... ahora dejemos de lado el juego y centrémonos en la importancia de la gestión de carteras en función de cada inversor.



Cualquier inversor elegirá siempre la alternativa de inversión que le genere la mayor rentabilidad posible para un nivel de riesgo determinado. Esto es lo que le han enseñado a cualquiera que haya estudiado finanzas. La frontera eficiente de Harry Markowitz, el CAPM, la Modern Portfolio Theory, etc, etc. Todos nos sabemos la teoría; la bolsa es el activo que da más rentabilidad a largo plazo, lo mejor es comprar y mantener, hay que diversificar las inversiones, mantener los costes bajos, que la volatilidad no es riesgo y Telefónica es una buena opción para invertir tus ahorros. Bueno, las dos últimas pueden ser mentira.


El problema que tiene toda esta teoría es que funciona regular en el mundo real. Y es un problema importante. Parafraseando a Don Mariano Rajoy: "Los inversores son personas y tienen sentimientos". Es en este punto donde entran en juego las emociones, lo que estudia la rama del Behavioral Finance o economía conductual que tan de moda está últimamente. Los inversores no siempre toman sus decisiones de manera racional.


Cada persona es diferente y se acerca al mundo de la inversión con unas ideas, unos planes, unas necesidades propias. Si la persona que asesora tus inversiones no te ha preguntado por ellos, preocúpate. Las inversiones se tienen que adaptar a estas condiciones en la medida de lo posible, de tal manera que se encuentre una cartera que le acerque a la consecución de sus objetivos y con la que a la vez pueda vivir.





El objetivo de la inversión debería ser permitir acumular el capital necesario para la consecución de una meta en un determinado plazo. No deja de ser la tasa de descuento que iguala el capital necesario con el ahorro disponible. Si un ahorrador estima que necesita acumular un millón de euros para su jubilación dentro de treinta años y es capaz de ahorrar mil euros al mes, deberá ser consciente de que necesita un retorno del 6% anualizado. Consciente sobre todo de lo que esto implica, y más en los tiempos en los que vivimos, donde los considerados como activos libres de riesgo prometen rentabilidades cercanas a cero o negativas, pasando a convertirse en activos sin interés y con riesgo.


Este 6% anual es la rentabilidad que ha obtenido el S&P 500 en los últimos veinte años, siempre invertido y pasando por varias crisis como la de la burbuja puntocom, el 11 de septiembre, Lehman Brothers o el COVID-19. Un inversor que no hubiera sido capaz de aguantar estas idas y venidas no habría sido capaz de retirarse con el nivel de vida deseado. Es el riesgo de la volatilidad, abandonar el plan que te llevará a cumplir tus objetivos.


Un inversor que no hubiera sido capaz de aguantar estas idas y venidas no habría sido capaz de retirarse con el nivel de vida deseado. Es el riesgo de la volatilidad, abandonar el plan que te llevará a cumplir tus objetivos.

Muchos abandonarán antes de llegar a esas siete cifras deseadas, cuando podría haberse evitado adaptando el plan a su capacidad para asumir riesgo. Este es un punto complicado, especialmente porque los modelos tienden a presentarse con cifras que por sí mismas no significan nada. ¿Qué es una volatilidad anual del 10%? ¿Es mucho o poco? ¿Por qué un 10% sí y un 15% no? La volatilidad es un concepto abstracto, al contrario que el no dormir por las noches durante una caída de mercado. Y esto no sale en los modelos teóricos, pero es donde más valor puede ofrecer un asesoramiento financiero hoy en día, estando cerca del cliente y habiéndole hecho entender que las caídas llegarán en algún momento.


Otras opciones pasarían por incrementar el nivel de ahorro, rebajar las expectativas de nivel de vida en la jubilación o retrasar ese momento, y todas parecen mucho más complejas que aprender a tolerar cierto nivel de riesgo. Quizá si esperas dormir siempre plácidamente lo estés haciendo mal.


A medida que van pasando los años y en función de las distintas experiencias que vivamos, nuestros pensamientos irán cambiando y nuestra aversión al riesgo seguramente aumente, y puede que el plan que con treinta años parecía sin fisuras, con 50 años no lo veamos tan claro, nuestra situación familiar puede que haga que nuestra aversión al riesgo aumente y nos empecemos a conformar con menor rentabilidad a cambio de mayor seguridad, nunca sabemos dónde está el siguiente cisne negro del mercado y valoraremos la importancia de estar cubierto ante el a medida que nos acercamos a la deseada meta.


Por todo eso no se puede recomendar la misma cartera a cualquier persona. No existe una sola cartera perfecta. La cartera ha de amoldarse al riesgo dispuesto a soportar en cada momento de tu vida y eso solo lo sabe uno mismo, ponerse en manos de profesionales puede ser clave en ciertos momentos para construir una cartera con la que estar lo más cómodo posible dentro del riesgo que suponen los mercados financieros.


Si queréis profundizar sobre lo que hemos comentado y todo lo relacionado a la psicología que rodea al inversor, os recomendamos el libro de Morgan Housel (periodista financiero que ha escrito en The Wall Street Journal y The Moatley Fool). Hace unos días tras leerlo lo indicamos como Libro del mes. Lo podéis adquirir en Amazon (actualmente solo en inglés).

Sobre economía conductual:



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